La vida del otro

No sé si os pasará a vosotros, pero yo me pregunto a diario si estoy haciendo lo suficiente para ayudar a quienes lo necesitan y, sobre todo, si se trata de una obligación moral el hacerlo. ¿Es suficiente con una donación ocasional de 15 euros en migranodearena.org o cualquier ONG, o hace falta formarse profesionalmente para dedicar tu vida a los otros: un médico, un psicólogo o un cooperante internacional? ¿Qué es lo correcto?

Aunque esta pregunta pueda sonar poco sustancial, pienso que muchas personas la llevan más interiorizada de lo que creen, en algún lugar del inconsciente, influenciando en gran medida sus acciones diarias y provocando una extraña e inexplicable culpabilidad. Y pienso esto porque considero que todos estamos interconectados más de lo que nos gustaría, sin importar si se profesa una religión o no.

Pongamos que te gastas 1000 euros en un vestido para una boda. Mil euros es mucho dinero (para alguien como yo), sobre todo teniendo en cuenta que hubieras podido comprar un vestido más bonito y económico, pero tú quieres ese así que es innegociable. Llega el día de la boda y luces radiante con tu vestido. Te sientes feliz. Pero en la distancia visualizas que algo no va bien. Un niño ha caído a la piscina y nadie más parece haberse percatado. El agónico chapoteo te dice que necesita ayuda y tú solo puedes echarte al agua estropeando tu vestido de 1000 euros. Muchas personas ni se lo plantearían y también se lanzarían al rescate sin tener en cuenta lo que llevan puesto o si tienen el móvil en el bolsillo. Estás salvando una vida.

Compliquemos más las cosas. Un año más tarde, tienes otra boda al lado de una playa. Esta vez tu inversión para el outfit es algo inferior pero sigue siendo elevada. Con tu vestido de 800€ te plantas fantástica en la arena, pero de nuevo la misma experiencia horrenda del año anterior: alguien se ahoga. ¿Arruinarías un vestido tan caro por segunda vez consecutiva? De nuevo muchas personas dirían que sí, sin duda.

Podría continuar con esta analogía todo el día y llegar a la conclusión de que la vida de los demás es más importante que las cosas materiales que poseemos. De hecho lo dice la ciencia, que en situaciones de amenaza vital inminente la mayoría de los humanos sacrificarían, sin pensarlo dos veces, sus posesiones materiales e incluso el confort y la seguridad, en especial cuando se trata de ayudar a un niño.

¿Recordáis la escena de Oscar en la “Lista de Schindler” cuando se da cuenta que había pasado muchos años en una vida de lujo y podría haber destinado ese dinero a pagar la liberación de judíos ? En otras palabras, supo que podía haber hecho más, que la mayoría de cosas que tenemos son innecesarias y  se les puede dar un destino más humanitario. 

A pesar de contar escenas de películas y poneros en incómodas situaciones con vestidos carísimos y niños al borde de la muerte, yo no soy la más indicada para dar este tipo de lecciones porque me encanta concederme caprichos. Me gusta estrenar zapatos e ir de viaje. Y si algo me ha llevado a escribir esta entrada es la necesidad de encontrar una respuesta que justifique el malestar que siento al ver a gente que no puede ni pagarse un bocadillo. La respuesta que leo entre líneas de mis propias palabras es: como personas estamos configurados a ayudar al prójimo pero también estamos configurados para cagarla, con su respectivo aprendizaje.

Quizá, la próxima vez que compre algo debería de preguntarme si realmente lo necesito o podría considerar dar ese dinero a una buena causa. Y todavía mejor, me gusta la idea de pensar que puedo hacer un viaje o comprar unos zapatos más baratos y utilizar la otra mitad del dinero para algo que no solo salve una vida, sino que colme esa necesidad innata que todos tenemos en nuestro interior de ser solidarios.

Feliz puente a tod@s

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La vida es un… ¿milagro?

Pobreza en EspañaEl otro día vi una película realmente mala pero de la que retuve una gran frase: cada día de la vida es un milagro. Qué bien suena. Tan optimista y ajena  al sufrimiento.

Esta mañana he ido a correr al parque que está debajo de la casa de mi chico y en menos de 200 metros tres personas durmiendo en la calle. Entonces he pensado, ¿creerán ellos que esta vida es un milagro?

Y es que para los que lo tenemos todo cualquier frase humanista al estilo Coelho  nos enternece. Todo eso tan malo que sale en la televisión nada tiene que ver con nuestro mundo.

Incluso a mí, que me he involucrado por cortas temporadas en lugares inmersos en la pobreza, me cuesta hablar de ella sin sentir lejanía.  Mira que tantas veces me han dicho: ¿quieres ver pobreza? No hace falta ir a África, solo tienes que pasear por las calles de Madrid. Muy  cierto.

La pareja que duerme todo el año en la acera de la calle: pobres. Los nigerianos de la puerta de mi curro y a los que todo el mundo maldice por su supuesta pertenencia a mafias: pobres. Un par de mujeres rumanas  sentadas en el suelo caladas en  los días de lluvia, también son pobres. Pobreza y más pobreza.

A pesar de que se dice que el final de la crisis comienza a vislumbrase, España tiene cifras que deberían avergonzar a los políticos, sobre todo cuando las usan para hacer de ellas caridad en vez de un derecho humano: de los 46,77 millones de habitantes de España, 10 de ellos son pobres, 2,2 millones trabajan y siguen siendo pobres y 720.000 personas no perciben ningún tipo de ingreso.

Por eso cuando me preguntan a quién voy a votar no tengo ni idea porque no hay ni un solo partido que haya establecido un programa en firme para acabar con esto. Siento vergüenza de aquellos que en plena campaña electoral aparecen triunfantes después de aplicar duras medidas de austeridad que solo han hecho acentuar la desigualdad y la pobreza, favoreciendo solo al capitalismo.

Así que puede que los verdaderos milagros de la vida estén ocurriendo en este preciso momento, pero desde luego no para todos.  Quizá sea un trabajo global el que muchas personas puedan acceder a una porción de esa parcela milagrosa que se llama vivir en condiciones.

La vida está llena de sueños, el mío se llama África

Sueño africanoNo es bueno desear que el tiempo pase rápido pero ahora mismo lo que más quiero es que se consuman los 13 días que quedan para cumplir otro de mis sueños. Y cuando pienso en él me disculpo por las prisas.

No será bueno desear que pase el tiempo porque probablemente descuides cosas importantes, pero cuando algo tiene tanta fuerza creo que está más que justificado y es casi irremediable. Sobre todo cuando se trata de cumplir sueños.

Los sueños son imágenes o escenarios que se recrean mientras dormimos. Los sueños nos permiten ser cosas, profesiones o estar en lugares que no podemos alcanzar fácilmente. En mi caso, uno de mis mayores sueños se cumple al bajar del avión . Es un lugar y un sentimiento, el de desprenderme de todo lo material y encontrar la persona que en realidad soy. Eso solo lo he sentido en África.

Esta vez las circunstancias me llevan a Tanzania. Y digo circunstancias porque en un primer momento quise ir a Mozambique y después compré un billete de avión a Kenia para finalmente pasar 15 días en Tanzania.

Algo me espera realmente bueno en este país para que el destino me lleve a él sin buscarlo. Dicen que cuando viajas siempre llegas a lugares que no esperabas. Quizá es que mi viaje comenzó mucho antes de comprar ese billete de avión.

Todo lo relacionado con África está vinculado a las experiencias más maravillosas de mi vida. Nunca antes experimenté las emociones que sentí en Senegal y probablemente nunca lo haré fuera del continente africano. Nunca sentí la responsabilidad y el amor hacia alguien como lo sentí con Rosnel, un pequeño camerunés que fue abandonado por su padre en España.

Cada día mi mente se dispersa sin importar el momento en el que me encuentre para entrar en el mundo africano que he recreado en mi mente. Debe de ser un sueño con el que nací grabado a fuego.

Y es que ya casi todo me lleva a África. Cuando la gente habla de naturaleza cierro los ojos y mi mente vuela hasta País Bassari recordando las noches de tormenta y el olor a pureza.

Pero sobre todo, y más allá de mi pasión por el entorno africano, creo que tenemos una gran responsabilidad con la situación que sus gentes están viviendo.

La población africana produce menos de la mitad de alimentos que producía en 1975. Hay más desnutrición, más desempleo y más pobreza en un continente que cuenta con  2/3 de tierras en excelente estado para el cultivo.  De las universidades africanas han salido profesionales cualificados que emigran en busca de una vida mejor con el título bajo el brazo. ¿Por qué? Porque las principales administraciones de cada país están corrompidas. Con presidentes que llevan toda una vida en el poder y cuyo único objetivo es aguantar en él hasta el final. La gente no está en sus agendas, solo los acuerdos comerciales que establecen con Occidente para asegurase importantes cantidades económicas que sustenten sus caprichos. Esta es la forma de gobernar en África y los políticos del resto del mundo la alimentan. Porque África es rica en recursos que países como China no han tardado en explotar sin importarle lo más mínimo en qué lugar quedan los derechos humanos. Ahora Obama quiere estrechar vínculos con África por el mismo motivo aunque mejorando el protocolo de derechos humanos.

África es una fuente de riqueza y quienes menos provecho sacan de ella son sus gentes.

¿Qué puedo hacer yo? Aún no estoy segura pero tengo claro que algo beneficioso para ellos. Esto no significa la colonización social que algunas ONG’s están llevando a cabo para lucrarse suculentamente.

¿Qué puedo realmente hacer yo? Espero que algún sueño revelador me indique el camino. Quizá sea solo apoyarles o quizá vaya más allá. Pero estoy segura de que he empezado a recorrerlo.

 

 

Cómo siente un inmigrante en España

Inmigrante con bandera españolaMuchas veces me pregunto cómo se sentirán los inmigrantes de este país. Inmigrantes que vemos de limpiadores, detrás de las barras de la mayoría de las franquicias y que han venido a España huyendo de una inimaginable hambre y violencia. Creo que en realidad tampoco nos interesa demasiado entender la desesperación que les hizo llegar hasta aquí un día y el riesgo que para sus vidas supuso el viaje emprendido.

Me pregunto cómo se sentirán los inmigrantes cuando constantemente hablamos de que nos están quitando el trabajo o que deberían volver a su país.  Los acusamos de robarnos los empleos que deberían ser de los españoles, de aprovecharse de los beneficios sociales y de explotar el sistema de salud nacional.

Y con las elecciones cerca, los inmigrantes se convierten en debate de campañas electorales.

Está claro que muchos inmigrantes hacen el trabajo que la mayoría de españoles no haríamos y en condiciones que no aceptaríamos. ¿A quién culpamos? Al inmigrante, por supuesto y no al sin vergüenza de empresario y del que impone las políticas o hace como que no ve lo que está sucediendo.

Los inmigrantes llevan a cabo este tipo de trabajos simplemente porque vienen de una vida mucho peor, y si este país es lo suficientemente seguro para vivir o prosperar entonces cualquier cosa es válida para quedarse. ¿Te has parado alguna vez a pensarlo?

Nunca sabremos qué es vivir en extrema pobreza o tener hambre día tras día. Supongo que el hecho de no querer volver a esa vida me llevaría a hacer cualquier cosa, más aun teniendo hijos.

Los políticos son realmente buenos culpando a los más vulnerables de esta sociedad y a los que cuentan con menos recursos para defenderse, y uno de estos sectores son los inmigrantes.

El individualismo no mejora el mundo

Abre tu corazón

Hace poco llegaba a mi vida una persona que me ha hecho seriamente reflexionar sobre la frialdad de las personas. Por x motivos que no puedo explicar aquí, esta persona me daba un extenso argumento para defender su postura ultraindividualista.  Es cierto que nadie nos ha regalado nada, pero hay muchas formas de entrega y no necesariamente implican la económica. A esta persona le digo que su individualismo le aportará pocas ventajas.

Sinceramente creo que cada día hay que encontrar la manera, solo una, de hacer este planeta un poco mejor. Si todos nos dedicáramos a buscar ese instante diario seguro que la tierra sería un lugar más acogedor

Yo tengo mil defectos y en ocasiones soy un poco agria, individualista también, pero eso no es motivo para quedarme parada. Y, lo esencial, es que me niego a dejar una mierda de herencia a los que vienen detrás cuando en mis manos he tenido la posibilidad de hacer algo.  Mucho menos bajo la premisa de que como la vida son dos días miro por mi y que le zurzan al resto. Creo que de esto he hablado ya en otras entradas, y trabajar en busca de ese bien común es algo que admiré durante mi estancia en Senegal. Sobre todo por algo que me parece genial, considero que trabajar para el bien común tiene  beneficios bestiales:

  • El regalo más económico y el más sencillo que podemos hacer es el de sonreír. No solo aportas energía a la persona a la que le sonríes, también te llenas de carga positiva a ti mismo. Se trata de recibir mucho más de lo que das.
  • La amabilidad tampoco nos vacía los bolsillos y hace la vida del otro más cómoda. A ti te hace sentir especial, mejor persona y seguro que a quien le haces ese favor le estás construyendo un puente para conseguir llegar al otro lado de algo bueno, por muy pequeño que sea el recorrido.
  • Compartir conocimiento también es una forma de construir un mundo mejor. Hay un montón de ofertas de voluntariado en tu ciudad esperando de ese gran conocimiento tuyo que ayudará a personas que no tienen acceso a la educación por los medios convencionales.
  • Deshacerte de todo lo que no usas en casa y encargarte tú mismo de que llegue a quién lo necesita es una de las muestras de generosidad más grandes que puedes realizar.

A la conclusión que he llegado es que la vida tiene formas de crear o romper nuestra inteligencia emocional. Sea nuestra culpa o no, tenemos determinas emociones o entendemos que no las necesitamos. Quizá no tengamos la habilidad de crearlas pero sí de trabajar sobre todas y ayudar es una de ellas. Así que estoy segura que quien no hace nada por el del al lado es porque no le da la real gana. ¿Qué no tienes un euro? Pues lanza tu mejor sonrisa a quien la necesite. Por algo se empieza.

 

 

 

¿Cómo llenar el vacío interno?

Cuando nos sentimos heridos a veces intentamos llenar ese vacío interno lo antes posible y con lo que sea. La pérdida de un familiar, romper con la pareja o ser despedido de un trabajo pueden ser los motivos que alimentan ese hueco. Aunque, en ocasiones, no hay una situación que desencadena ese sentimiento y la causa yace en algo más profundo y arraigado en el tiempo. Ni siquiera quien lo sufre sabe identificar de dónde procede.

Sea cuál sea el motivo de por qué nos sentimos mal nos empeñamos en buscar distracciones en vez de sentir lo que está ebullendo en nuestro interior. Pero estas distracciones, ya sean personas o cosas, solo nos ocultan la verdad que queremos ignorar porque nos resulta tan desagradable mirar hacia dentro: y es que no nos sentimos incompletos. Y no lo estaremos hasta que no lo afrontemos y sepamos a qué se debe. Será a partir de entonces cuando estemos preparados para tapar ese agujero interno.

En ocasiones la cura está en los lugares menos esperados¿Por qué esta perspectiva psicológica en el post de hoy? Porque creo que hay tanta gente así, incluida yo en este momento. Entonces he decido distraerme, evadirme, y para ello he retrocedido en el tiempo hasta llegar a aquellos momentos en los que me sentí llena, como cuando estuve en Senegal.

Tanta pobreza, es cierto, pero tanto amor y tantas sonrisas. Apenas llegué a mirarme en un espejo y ni siquiera me importaba mi aspecto. No necesitaba nada más que cada momento que se consumía caminando entre baobas o sobre la tierra rojiza rodeada de niños mientras ellos reían y gritaban “tuba” (blanco en wolof).

Pero ahora me he de enfrentar a otra realidad y es que en mi interior hay huecos que no sé como tapar. Me voy, me quedo. Si tomo la primera medida tengo la sensación de huir, de distraerme. Y si decido quedarme he de hacer algo diferente.

Estas navidades están teniendo una tinte especial, mágico y nostálgico, supongo que como todas, pero con la diferencia de contar con un año más de experiencias tan diferentes acumuladas y que inevitablemente me hacen ver las cosas de otro modo. Yo no soy la misma que la de las navidades pasadas y probablemente tú tampoco.

A todo esto hay que sumarle la sensación que desprende esta sociedad cada vez más individualista y carente de valores cuyos políticos solo trabajan para favorecer a las clases altas. ¿Capitalismo? Un poco de eso sí. Y un poco de tolerancia por nuestra parte, un poco de que ya no sabemos a quién creer y quiénes de los que dicen ser nuestros defensores no está robando.  Como veis puedo enlazar tantas temáticas en cada párrafo que podría escribir un ensayo sociológico, psicológico y casi de cualquier ciencia que aborde el estudio del comportamiento humano enfocado desde diferentes perspectivas.

Lo que vengo a decir es que casi todos en mayor o menor medida estamos heridos pero creo que también disponemos de las herramientas para sanar estas heridas, aunque yo en estos momentos no parezca tenerlas muy a mano.

Puede que ir a África no sea la solución, pero es una manera increíble no solo de curar heridas si no de borrar cicatrices y la he descubierto este año. Las heridas vuelven, porque considero que son parte de la vida, pero hay tratamientos que una vez que los pruebas agradeces haber sido magullado, de otro modo nunca hubieras descubierto cuál es la cura. Lo mismo sucede cuando nos deja ese chico que tanto queremos y pensamos que se acaba al mundo hasta que aparece otro al que queremos todavía más.

Así que si te sientes como yo en este momento, herido, algo vacío, no te preocupes más de lo que ya lo estás haciendo porque siempre hay para todo una cura excepto para la muerte, y seguro que una vez la estés experimentando agradecerás haber sido lastimado.

Allá vamos rastrillo solidario ¡S.O.S!

De nuevo han vuelto a pasar muchos meses sin actualizar mi blog, qué desastre. Y de veras que siento no perder el tiempo. Aún la gente se extraña cuando les digo que nunca he visto Juego de Tronos y creo que se debe a una mala gestión de mi agenda.

No voy a entrar a hablar de mi mala organización y sí a resumir todo lo que me ha pasado desde la última vez que abrí el panel de Lluvia en el Sáhara para escribir mi última entrada en agosto: por fin he pisado África, concretamente Senegal.
Hace poco más de un mes que regresé después de recorrer de oeste a este (literalmente) el país canoa con una mochila. La experiencia no puede haber sido más gratificante, intensa, maravillosa. Aunque realmente no encuentro los adjetivos para describir lo que siento después de haber estado dos semanas inmersa en la teranga. Creo que sería hasta injusto usar solo una hilera de adjetivos porque nunca serían suficientes.

Pero un mes después no es el momento idóneo para hablar de mi experiencia, ya que no es eso de lo que vengo a escribir aquí. Hoy el tema que os quiero contar es un rastrillo solidario cuyos fondos se van a destinar a un pueblo, y cómo ejecutarlo es lo que me preocupa.

Experiencia en Senegal, inolvidable
¿Cómo surge la idea? En Bondocoundi, una pequeña aldea de País Bassari. Bondocoundi es el fiel reflejo de la pobreza africana. Allí llegué por casualidad y me acogieron con todo lo que tenían, que materialmente no era demasiado pero sus gentes, esa hospitalidad que nunca antes había vivido. Me pregunto cómo devolverles lo que tanto recibí en tan pocos días.
Hay que estar allí para saber de lo que hablo. Ningún día me faltó comida, ni un lugar donde dormir. Ningún día faltó una sonrisa ni un abrazo. ¿Sabéis de lo que hablo? Se llama vivir en comunidad, buscar un objetivo común, trabajar por el bien de todos. Es fantástico, os lo aseguro.
¿Qué necesito? Vuestra ayuda, porque nunca he hecho esto y estoy totalmente perdida. Y a pesar de que siempre me he posicionado con los que piensan de que hay más gente buena que menos buena, todavía me sorprende la cantidad de personas que se están ofreciendo a ayudar y eso me emociona. Puede que ellos nunca lleguen a leer esto, pero gracias, de corazón 

A lo que voy con todo este despilfarro de sentimentalismo (cosa que no me importa en absoluto si de algún modo os toca la fibra), es que además de conocer un poquito qué pasa y qué se siente, que hagáis algo. Tenéis a vuestra disposición un rastrillo solidario, cientos de ONG’s, podéis viajar a África (ellos estarán encantados de recibiros), entregaros que la vida está para eso.
Y ya de paso: PARTICIPAD EN EL RASTRILLO SOLIDARIO 🙂