El hombre que encontró un palacio en una caja

Un palacio bajo una cajaLa vida está llena de sorpresas, como la que encontró un hombre en la caja que le dio cobijo la fría noche de invierno en Madrid.

Era una de las noches más gélidas de la estación, y en la calle no había más que luces y el hombre acompañado de sus dos inseparables perros.

Entonces pensó que tenía que buscar un sitio en el que él y sus pequeños perros pudieran refugiarse del frío manto que caía sobre la desolada ciudad.

Qué triste es tener tanto frío, pensó. Puedo morir esta misma noche. Pero se dio cuenta que ese pensamiento solo enfatizaba más el sufrimiento, así que prefirió enfocar toda su energía mental en su cometido: la caja.

Al lado del Teatro Príncipe Gran Vía estaba la caja abandonaba que parecía esperar su llegada. El hombre sintió alegría y alivio al verla, acelerando el paso e imaginando por el camino de qué modo la ensamblaría para introducirse en ella.

A medida que se acercaba con los ojos clavados en la caja, comenzó a sentir un extraño vínculo hacia el objeto. Parecía que esa caja estaba hecha para él y sus perros. Cuanto más se aproximaba no le quedaban dudas, alguien había puesto la caja para él. 

La cogió y la arrastró hacia un portal. Con delicadeza, casi como si de una persona se tratara, la posó en el suelo y la analizó por sus diferentes caras. Entonces metió la parte superior de su cuerpo, la única que cabía en la caja, y se abrigó con el calor de sus perros. Una vez dentro, se dio cuenta que seguía teniendo frío y cerró fuerte los ojos recordando la frase que alguien le dijo una vez: “El frío es psicológico”. Pero esta vez era somático y muy real. Apretó tanto los ojos que casi se le caen hacia adentro y abrazó a sus perros como si nunca más fuera a amanecer con vida.

De pronto, ya no hacía frío y el mismo calor que sus perros desprendían contra su pecho lo sentía por todo el cuerpo. Y ya no olía a ciudad, ahora aromas a jazmín y rosas eran dueños de su olfato. Se apresuró a abrir los ojos y encontró lo que nunca hubiera imaginado encontrar en una caja: un palacio.

Un palacio solo para él.

Entonces entendió que la vida puede ser realmente dura pero al final todos tenemos un lugar increíble reservado y casi siempre está donde menos lo esperamos.

Nunca más despertó en la ciudad y nunca más pasó frío.

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