La esclavitud de la era modera

La ocurrido de Bangladesh y la reciente tragedia de Camboya en una fábrica de calzado simbolizan catástrofes en el Tercer Mundo impulsadas por los países desarrollados de Estados Unidos y Europa. Ahora comienzan a emerger pactos por parte de las empresas para evitar que hechos espeluznantes como estos vuelvan a ocurrir pero ¿cómo van a sufragar los costes de manufacturación tan bajos para seguir ofreciendo productos a precios tan económicos?

Tan solo cuatro semanas después de que el colapso en un edificio  en Bangladesh matara a más de mil personas, el pasado martes se conocía la noticia de que el derrumbamiebto de un techo en una fábrica de calzado en Camboya mataba  a tres personas y sepultado a otras 50 entre los escombros.

Muchos de nosotros colaboramos con grupos que trabajan a favor de los derechos humanos y luchan cada día para sacar a la luz los abusos deliberados que suplen complejas cadenas globales como la alimentación, la comida, electrónica y productos de consumo que todos usamos. Y más de una vez nos han advertido de que las prendas o muchos elementos que nos rodean están construidos a base de  violar esos derechos humanos que defendemos. Como siempre ocurre en la sociedad occidental, necesitamos una dosis de tragedia para hacernos entrar en razón aunque dentro de un tiempo volvamos a anestesiarnos.

No hay duda de que el trabajo de los empleados de Camboya y Bangladesh son formas existentes de esclavitud moderna como definió el comisario europeo de comercio Karel De Gucht, así como el término “salario de esclavo” ha sido acuñado en la prensa de Bangladesh.

Ha tenido que suceder algo así, para que días después el gobierno de Banglaseh anunciara medidas para cambiar el escenario y permitiera a los 4 millones de trabajadores en el sector textil, previo consentimiento de sus empresas, organizar grupos para crear y proteger sus derechos.

Los días han pasado y ya apenas se habla de Bangladesh ni Camboya. El trabajador que gana 29 euros al mes y hace más de 50 horas semanales ha vuelto a su puesto de trabajo y nosotros a nuestras tiendas habituales. No es fácil ser un consumidor basado en la ética ni el comercio justo cuando no se vive en una sociedad que promueve estos valores. No es digerible por un momento ver cómo sacan a gente muerta entre los escombros en la televisión, mirarse la ropa y pensar que nosotros podemos hacer algo. Al igual que el proceso de digestión, todo tiene un final.

Mientras escribía este post, de nuevo en Camboya, otro derrumbamiento ha tenido lugar en otra fábrica de Camboya hiriendo hasta el momento a 23 personas. No es casualidad. No debe de serlo.

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