La tragedia depende del lugar

Image“No me importa si un puñado de críos blancos son asesinados”, escribió Eddie Nimibutr, propietario de un restarurante tailandés, en su página de Facebook poco después de que el tiroteo en una escuela de Newtown ocurriese.

“Cuando niños de grupos minoritarios son asesinados, a nadie le importa. Cuando Israel lanzó misiles en la escuela de Gaza, todo el mundo estaba demasiado ocupado. ¿Por qué debería de preocuparme de gente a la que no le importo un carajo?”, agregó Nimibutr a su muro de Facebook.

A raíz de estos comentarios en la red social, a Eddie Nimibutr, de Austin Texas, le han llovido críticas de racismo y, obviamente, no es para menos.

Pero dejando a un lado la ausencia de razón que tiene justificar con la matanza que a nadie parezca importarle demasiado cuando los que mueren son niños de países en conflicto, ¿no es en realidad cierto que nadie, sobre todo a los medios que son los conductores de la información, parece darle la suficiente cobertura e interés al asesinato de gente inocente en otros contextos socio-políticos y económicos?

Realmente siento pena por los niños y niñas que han fallecido en el tiroteo pero hay otras tragedias olvidadas:

Existen 40 contextos de conflicto armado en el mundo actualmente, la mayoría en África  y Asia, seguidos por Oriente Medio, Europa y América. Y aunque los conflictos han descendido desde la caída del muro de Berlín, 46 países están en riesgo de guerra  por “mal reparto de la riqueza, la inseguridad y el cambio climático. Esto supone que uno  de cada seis países del mundo está en peligro de sufrir una guerra civil”, según un informe de Guías ONG’s sobre guerras. Pero si calculamos el coste que estos conflictos tienen en vidas humanas nos encontramos con que tan solo en la guerra de la República Democrática del Congo mueren más de 1.500 personas al día. Esto es solo un conflicto  porque no se tienen datos informativos de muchos otros  donde se pierden más vidas.

Hablamos de millones de personas, entre ellas niños y niñas, que perecen al año por haber tenido la mala suerte de nacer en determinados lugares.

Aunque tampoco debemos de olvidar una de las grandes batallas que sigue cobrándose millones y millones de vidas anualmente y que, desgraciadamente, parece casi imposible de vencer: el hambre.

1.020 millones de personas en todo el mundo padecen hambre. La desnutrición aguda causa la muerte de más de 5 millones de niños y niñas (casi 14.000 al día) cuando, paradójicamente, la producción agrícola mundial podría ser suficiente para alimentar al doble de la población de la Tierra.

Es cierto  que no vamos a cambiar esta realidad de la noche a la mañana, pero no ayuda el guardarla en la nevera o acostumbrarse a que ocurra porque si nos duele lo que ha sucedido en Newtown deberíamos de contemplar del mismo modo que al día mueran miles de niños que no viven en las mismas condiciones que nosotros.

Porque si sentimos pena por los horribles sucesos de Siria pero notamos la diferencia y le colgamos la etiqueta de lejano e irreparable, algo mal estamos haciendo.

Eddie Nimibutr se equivoca al afirmar que no le importa el asesinato de unos chiquillos blancos aunque esté en su derecho de expresar su opinión. No nos equivoquemos como él tampoco nosotros y juzguemos los hechos por la cercanía ni estatus social. Porque un niño es un niño en América y en África. La mayor tragedia para ellos quizá sea que ninguno de ellos eligió donde nacer.

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