Después de Assad

¿Cuál será el aspecto de Siria una vez finalice la Guerra Civil y caiga el presidente Bashar al-Assad, cuyo clan ha conducido al país con puño de acero durante más de 40 años? Dados los recientes acontecimientos que han transformado los eventos y empujado la batalla siria a un nuevo estado, esta pregunta tarde o temprano tendrá que ser planteada.

Assad ha atacado los lugares más recónditos de la región, extendido la lucha hasta la capital, Damasco, e incrementado la precisión de sus armas hasta anunciar que llegaría a las químicas en caso de intervención internacional. Parece que los insurgentes se detienen ante tales amenazas y se vislumbra un final de juego pero no se debería albergar ninguna esperanza ya que Assad y su régimen no parecen asumir un gobierno democrático. Todo lo contrario, el presidente sirio parece tener planes más violentos en su mandato mientras la oposición amenaza con ajustar cuentas con sus seguidores y el conflicto irrumpe entre clanes y comunidades religiosas.

Si otra comunidad árabe fuera sustituida por una Hermandad Musulmana Suní, la cual en Siria representa la mayoría de la población, podría ser de nuevo el resultado de una guerra civil.

La oposicion radical a Israel ha sido siempre un pilar para el régimen sirio, el cual le ayuda a explicar el cierre de su cooperación con Hezbollah, el aliado más cercano de Irán. Pero aunque el régimen de Siria cambiáse no lo harían los parámetros básicos de su relación con el conflicto israelí, concretamente en la búsqueda de un estado palestino viable y, lo más importante, la aceptación de la existencia de Israel.

A pesar del radicalimos, el régimen de Assad fue siempre predecible para Israel, aunque el caos del Líbano puede llevar a la total desestabilización del país. Supo dónde estaban los límites y los aceptó. En contraste, la incertidumbre actual implica un peligro de guerra nacional, especialmente teniendo en cuenta  las armas químicas que almacena Siria.

Por último, Siria tiene un asunto pendiente: su alianza con Rusia la cuál ya no es lo suficientemente fuerte para garantizar la superviviencia del régimen. Las consecuencias estratégicas para el Kremlin podrían ser profundas, porque la caída de Assad condenaría la nueva  política de exteriores del presidente Vladimir Putin, que apunta a restaurar el poder ruso y convertir la nación en una influencia global.

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