Ser niño en África

Bienvenidos a un día en la vida de un niño africano. En este breve artículo encontrarás mi visión de cómo es crecer y ser educado en África.

No he trabajado ni vivido en África y toda la información de la que dispongo es la misma a la que tú  puedes acceder desde el ordenador de tu casa. Así es cómo un niño crece en África a través de todas las imágenes y noticias que me llegan por la red. Así, al menos, es como yo entiendo que es su vida.

Y sin necesidad de estar allí, estos datos tocan una parte muy profunda en mi que me impulsa a movilizarme y me dice que, de algún modo,  somos responsables de esta situación.

Para mi ser niño o niña en África significa ausencia; ausencia de baños (el 60% de los niños en los tugurios no tienen retretes ni fosas destinadas para ello), ausencia de agua limpia (el agua cuesta dinero y se transporta en bidones que con frecuencia están enmohecidos y rotos), ausencia de una higiene adecuada debido a la escasez de agua, ausencia de escolarización por la falta de recursos económicos en la familias pero aún incluso cuando la educación primaria en países como  Uganda es gratuita no se consigue retener a los jóvenes en la escuela (el 67% de las chichas abandonan el colegio en Uganda y el 38% de los chicos hacen lo mismo).

La vida es simplemente dura  para los niños cuyas familias ganan tan poco en áreas donde la tasa de desempleo supera el 60%.  Sin ingresos, algunos mayores acaban ejerciendo  actividades ilegales para obtener algo de dinero con el que pagar la comida. No hay fondos para pagar la escuela, ropa, comida, casa, no hay para vivir. Y mientras tanto los precios de la comida se descontrolan haciéndola todavía más inaccesible. La mayoría de veces es una única comida al día que tan solo se compone de judías y posho (harina de maíz que es relativamente barata). La fruta, a pesar de ser abundante en el continente, apenas llega a unos pocos que consiguen algo  de piña y algún plátano que no suele ser ni mucho menos ni una ración  diaria . La gente de los poblados no sabe cómo recoger la fruta o cultivarla. Sin educación hay desconocimiento y es imposible el avance.

Así que  un niño en África despierta por la mañana y sonreirá varias veces durante el día pero sentirá hambre, dolor en su cuerpo  por enfermedades con las ha de convivir como la malaria o el cólera, puede que vea el día pasar preguntándose si volverá a tener algo que llevarse a la boca. Carencia es la palabra clave.

Ahora cambia en tu mente el escenario, ve a ese niño o niña levantándose de un refugio acogedor para descansar y preparándose  para ir al colegio. Se  asea con agua limpia y se toma  un vaso de leche con cereales antes de partir a  clase. Tiene oportunidades de aprender y elegir. Su vida deja de girar entorno a sensaciones que le aprietan el estómago y las ausencias comienzan a desvanecerse.

Puede que ya esté ocurriendo.


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