¿Qué es ser gay o lesbiana en África?

Si eres gay o lesbiana y viajas a África estás cometiendo un delito.

África tiene 54 países de los cuales en 29 la homosexualidad sigue siendo ilegal. Exceptuando en Sudáfrica donde en las zonas más adineradas se aplica una legislación nacional que penaliza cualquier discriminación relacionada con la población LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales), en los barrios más pobres donde también es vigente esta legislación ser homosexual es un “vicio” adquirido de la cultura occidental.

En Mauritania, Somalia, los estados del norte de Nigeria,  el colectivo gay se ha llegado  a castigar con la muerte, y en Uganda ha estado a punto de aprobarse la pena de muerte contra la población homosexual.

Sin ir más lejos, el pasado año en la cumbre de Perth (Australia) la Conmonwealth  (Mancomunidad de Naciones), de la que forman parte un gran número de países africanos, presionó a 41 países del continente africano para abolir las leyes homofóbicas.

Como ejemplo de advertencia en esta cumbre, el primer ministro británico, David Cameron, hizo un llamamiento de respeto al colectivo de gays y lesbianas cuyos derechos a la libertad son violados constántemente. Uno de los primeros en dar respuesta a esta amonestación fue el presidente de Zimbawe, Robert Mugabe, a quien poco le importaba perder la ayuda internacional antes de ver a su pueblo seguir estas “inclinaciones sexuales adquiridas de la cultura occidental”.

Al Gobierno de Tanzania tampoco le importa perder la ayuda internacional antes que su “dignidad y moralidad” que supone el legalizar la homosexualidad.

La pena de cárcel es una condena que muchos homosexuales tienen que soportar en países del continente africano por el simple hecho de nacer bajo una sexualidad diferente a la que la cultura les ha impuesto. Los colonos lo omitieron pero en África, al igual que en el resto del mundo, las prácticas homosexuales han existido toda la vida.

Hasta aquí todo redactado de un modo muy sutil  pero entre las miles de historias que ocurren en África aquí os resumo una que sucedió en Malawi hace 2 años y tuvo una gran repercusión internacional.

Steven Monjeza y Tiwonge Chimbalanga fueron detenidos y acusados por delitos de “sodomía, indecencia y prácticas homosexuales”. En diciembre de 2009 los dos hombres se comprometieron en una ceremonia en el pequeño pueblo de Chirimba. Pero para hallarlos culpables ambos fueron sometidos a exámenes anales que demostraran la práctica de sexo. Fueron también golpeados y vejados por las fuerzas de seguridad. La sentencia fue de 14 años para ambos y el juez les dijo que lo que  pretendía era  “proteger a la población” de gente como ellos. El mismo juez también declaraba que la sociedad africana no estaba preparada para vivir ese tipo de compromisos y por ese motivo les impuso una “sentencia escalofriante”.

Pero lo peor no era  solo el discurso que el juez tenía preparado para Steven y Tiwonge, sino la gente que les esperaban fuera del juzgado y les gritaban  que 14 años no eran suficientes para lo que en realidad se merecían. Sus vecinos se rieron de ellos y los trataron como si fueran animales. Vecinos entre los que probablemente residiría más de un gay o lesbiana.

Amnistía Internacional y varias organizaciones de derechos humanos lucharon para evitar que pisaran la cárcel pero esta es su hogar hoy en día.

Quererse y manifestar formalmente su compromiso fue la humillación de esta pareja malawi. En Occidente, al menos, podemos protestar cada vez que lo deseemos a pesar de que la homosexualidad sea todavía  un tema  al que  le queda mucho de tabú.

Casos como el de Steven y Tiwonge continuarán  si los gobiernos internacionales no actúan pronto a pesar de que Ban Ki Moon siga amenazando a los países que ejerzan la homofobia. No es suficiente. Mi opinión es  que la educación y el conocer la verdadera esencia de la sexualidad de uno mismo haría más fácil entener la de los demás. Si estos pueblos contaran con una formación sólida  y una política estructurada quizá podrían empezar a entender que lo que uno siente hacia la otra persona en términos sexuales no afecta para nada  el rumbo de un país.

Demasiado  idílico, lo sé, pero nunca está de más opinar.

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