Gracias!

 

Playa de los Cofetes, Fuerteventura

Han pasado ya varios meses desde mi última entrada. Siempre regreso al blog cuando estoy llena de alegría o tristeza, debería aprender a usarlo con emociones más estables. Pero no ha sucedido esto hoy.

Ahora me encuentro en un “limbo curativo“. Han pasado meses realmente increíbles seguidos de otros no tan increíbles en los que la salud ha entrado en juego. Pero estoy segura que todo ellos eran necesarios en este proceso que llamamos vida. Me gusta la frase que alguien dijo una vez: “La vida será maravillosa al final…si todavía no lo es, entonces no es el final”. 

Tantas cosas me quedan por hacer, es cierto, pero las que he hecho hasta ahora quiero agradecerlas. Tanto las buenas como las malas, porque forman parte de lo que soy. Hace tiempo que no lo hago y cuando esto tiene lugar algo en mi interior se libera aportándome paz. Ese es el motivo de esta entrada.

He pasado unos días en una isla, asombrada por las acogedoras puestas de sol en el mar. He sido testigo de la inmensidad de las dunas y de la elegancia de la arena, brillante bajo el sol. Pero quizá haya sido mi falta de gratitud la que no me ha permitido darme cuenta de tanta belleza hasta estar de nuevo inmersa en la ciudad. Cómo somos las personas de caprichosas.

Una voz en mi interior me dice: “mejor tarde que nunca”. Creo que es el momento de ser generosa y aquí está mi agradecimiento a este baile cósmico que ha confabulado todos los elementos necesarios para que esto ocurriera.

Ayer en el aeropuerto pensaba en lo increíble que es ver a las personas de un lado a otro con sus maletas persiguiendo sus propios sueños y en busca de la felicidad.  No somos las criaturas pobres de espiritu como a veces creemos ser. Hemos venido al mundo cargados de bienes. Tenemos amor, imaginación, coraje y una generosidad deseando ser expandida. Todo lo que hay que hacer es darle forma a esos bienes y os aseguro que nunca es tarde para ello.

“El tiempo no es sino la corriente en la que estoy pescando”, Henry David Thoreau

 

 

La vida es un… ¿milagro?

Pobreza en EspañaEl otro día vi una película realmente mala pero de la que retuve una gran frase: cada día de la vida es un milagro. Qué bien suena. Tan optimista y ajena  al sufrimiento.

Esta mañana he ido a correr al parque que está debajo de la casa de mi chico y en menos de 200 metros tres personas durmiendo en la calle. Entonces he pensado, ¿creerán ellos que esta vida es un milagro?

Y es que para los que lo tenemos todo cualquier frase humanista al estilo Coelho  nos enternece. Todo eso tan malo que sale en la televisión nada tiene que ver con nuestro mundo.

Incluso a mí, que me he involucrado por cortas temporadas en lugares inmersos en la pobreza, me cuesta hablar de ella sin sentir lejanía.  Mira que tantas veces me han dicho: ¿quieres ver pobreza? No hace falta ir a África, solo tienes que pasear por las calles de Madrid. Muy  cierto.

La pareja que duerme todo el año en la acera de la calle: pobres. Los nigerianos de la puerta de mi curro y a los que todo el mundo maldice por su supuesta pertenencia a mafias: pobres. Un par de mujeres rumanas  sentadas en el suelo caladas en  los días de lluvia, también son pobres. Pobreza y más pobreza.

A pesar de que se dice que el final de la crisis comienza a vislumbrase, España tiene cifras que deberían avergonzar a los políticos, sobre todo cuando las usan para hacer de ellas caridad en vez de un derecho humano: de los 46,77 millones de habitantes de España, 10 de ellos son pobres, 2,2 millones trabajan y siguen siendo pobres y 720.000 personas no perciben ningún tipo de ingreso.

Por eso cuando me preguntan a quién voy a votar no tengo ni idea porque no hay ni un solo partido que haya establecido un programa en firme para acabar con esto. Siento vergüenza de aquellos que en plena campaña electoral aparecen triunfantes después de aplicar duras medidas de austeridad que solo han hecho acentuar la desigualdad y la pobreza, favoreciendo solo al capitalismo.

Así que puede que los verdaderos milagros de la vida estén ocurriendo en este preciso momento, pero desde luego no para todos.  Quizá sea un trabajo global el que muchas personas puedan acceder a una porción de esa parcela milagrosa que se llama vivir en condiciones.

La vida está llena de sueños, el mío se llama África

Sueño africanoNo es bueno desear que el tiempo pase rápido pero ahora mismo lo que más quiero es que se consuman los 13 días que quedan para cumplir otro de mis sueños. Y cuando pienso en él me disculpo por las prisas.

No será bueno desear que pase el tiempo porque probablemente descuides cosas importantes, pero cuando algo tiene tanta fuerza creo que está más que justificado y es casi irremediable. Sobre todo cuando se trata de cumplir sueños.

Los sueños son imágenes o escenarios que se recrean mientras dormimos. Los sueños nos permiten ser cosas, profesiones o estar en lugares que no podemos alcanzar fácilmente. En mi caso, uno de mis mayores sueños se cumple al bajar del avión . Es un lugar y un sentimiento, el de desprenderme de todo lo material y encontrar la persona que en realidad soy. Eso solo lo he sentido en África.

Esta vez las circunstancias me llevan a Tanzania. Y digo circunstancias porque en un primer momento quise ir a Mozambique y después compré un billete de avión a Kenia para finalmente pasar 15 días en Tanzania.

Algo me espera realmente bueno en este país para que el destino me lleve a él sin buscarlo. Dicen que cuando viajas siempre llegas a lugares que no esperabas. Quizá es que mi viaje comenzó mucho antes de comprar ese billete de avión.

Todo lo relacionado con África está vinculado a las experiencias más maravillosas de mi vida. Nunca antes experimenté las emociones que sentí en Senegal y probablemente nunca lo haré fuera del continente africano. Nunca sentí la responsabilidad y el amor hacia alguien como lo sentí con Rosnel, un pequeño camerunés que fue abandonado por su padre en España.

Cada día mi mente se dispersa sin importar el momento en el que me encuentre para entrar en el mundo africano que he recreado en mi mente. Debe de ser un sueño con el que nací grabado a fuego.

Y es que ya casi todo me lleva a África. Cuando la gente habla de naturaleza cierro los ojos y mi mente vuela hasta País Bassari recordando las noches de tormenta y el olor a pureza.

Pero sobre todo, y más allá de mi pasión por el entorno africano, creo que tenemos una gran responsabilidad con la situación que sus gentes están viviendo.

La población africana produce menos de la mitad de alimentos que producía en 1975. Hay más desnutrición, más desempleo y más pobreza en un continente que cuenta con  2/3 de tierras en excelente estado para el cultivo.  De las universidades africanas han salido profesionales cualificados que emigran en busca de una vida mejor con el título bajo el brazo. ¿Por qué? Porque las principales administraciones de cada país están corrompidas. Con presidentes que llevan toda una vida en el poder y cuyo único objetivo es aguantar en él hasta el final. La gente no está en sus agendas, solo los acuerdos comerciales que establecen con Occidente para asegurase importantes cantidades económicas que sustenten sus caprichos. Esta es la forma de gobernar en África y los políticos del resto del mundo la alimentan. Porque África es rica en recursos que países como China no han tardado en explotar sin importarle lo más mínimo en qué lugar quedan los derechos humanos. Ahora Obama quiere estrechar vínculos con África por el mismo motivo aunque mejorando el protocolo de derechos humanos.

África es una fuente de riqueza y quienes menos provecho sacan de ella son sus gentes.

¿Qué puedo hacer yo? Aún no estoy segura pero tengo claro que algo beneficioso para ellos. Esto no significa la colonización social que algunas ONG’s están llevando a cabo para lucrarse suculentamente.

¿Qué puedo realmente hacer yo? Espero que algún sueño revelador me indique el camino. Quizá sea solo apoyarles o quizá vaya más allá. Pero estoy segura de que he empezado a recorrerlo.

 

 

Reflexiones de una pérdida emocional

Thoreau dijo que para comenzar a entendernos primero hay que perderse.

Y así es como yo me he sentido durante los días que no he visitado el blog.

Estar perdido es una puta angustia. Te sientes totalmente desmotivado: otra mañana más, siempre el mismo recorrido al trabajo, otra vez a hacer la compra, la misma gente a mi alrededor, esta maldita ciudad que comienza a hartarme… Es como conectar un piloto automático y dejarte llevar. Sin sentir lo que haces.

Cuando estás perdido es realmente difícil practicar la gratitud o la empatía, porque sinceramente todo te importa un pimiento.

Cuando estás perdido te encuentras dando a tus colegas unos increíbles consejos de cómo perseguir sus sueños y pasiones. En otras palabras, algo que tú no tienes el más mínimo interés en hacer en ese preciso momento.

Estás vacío de emociones positivas. Estas vacío de todo tipo de emociones realmente. Pero llega un momento en el que hay que hacer un alto y mirar hacia dentro a ver qué ocurre. Entonces es cuando descubres la verdadera razón de la pérdida y en mi caso estaba clara: tenía miedo.  

Hay una preciosa frase de Maya Angelou que refleja muy bien la situación: “No hay mayor agonía que luchar contra una historia inacabada dentro de ti”. Había que cerrar esa historia. Gracias Maya.

Y mi historia era la misma que le ha sucedido, sucede y sucederá a muchas personas: ¿Estaba haciendo las elecciones acertadas? ¿Estaba viviendo la vida que esperaban los otros de mi?

Podía fracasar y tenía cosas que perder.  Además, la soledad se convierte en algo realmente duro. Mi salud entraba en juego también, esto ha sido quizá lo que más me ha desubicado. Y a esto había que sumarle el delicado tema de mi identidad. ¿Quién era? ¿Quién sería yo sin una identidad?

Pero no quería mirar hacia atrás arrepentida por lo que no me había atrevido a ser. Así que no me quedaba más remedio que ser yo misma aceptando que mi identidad variaría a lo largo de la vida  y es por eso que nunca estará totalmente definida.

Y dándome permiso para continuar, eliminando las barreas, encontré una sensación increíble y realmente buena.

Así que si estos días no vuelvo a escribir dudo mucho que es porque esté perdida, pero si lo vuelvo a estar, intentaré recordar este momento y lo aprendido en él: Al final de la niebla siempre hay luz y esa persona que resurge es sorprendente, lo suficiente para decir: “Ey, ha valido la pena perderse”.

Feliz día de la madre…mamá(s)

Solo hay un hijo maravillo en el mundo y cada madre es portadora de uno, dice un proverbio chino.

Se acerca el día de la madre y quería hacer algo especial para ti en este lugar que tengo en ocasiones abandonado pero cuando entro siento que nadie más puede invadirme. No podrás ver lo que hay escrito porque tus ojos siempre han estado enfermos, como ahora enferman otras partes de tu cuerpo, pero yo te lo leeré.

A pesar de que las crispaciones, los disgustos y la falta de empatía hacia a ti por tantas veces, nunca hubiera podido pensar en una madre mejor. No me canso de decirte que si soy lo que soy, algo de lo que estoy orgullosa, es en gran parte por ti.

Y si hay algo que he aprendido, también de ti, es a dar las gracias al mundo y a compartir lo que siento. Por eso, espero algún día contarles a mis hijos, que serán los nietos que corran a tus brazos, lo increíble que eres como madre.

Sé que a ti no te gusta olvidar a nadie, y hoy no vamos a hacerlo, por eso quiero dedicar esta post a ti, en especial, pero además, a todas las madres del mundo.

A aquellas que han pasado noches en vela con sus niños en brazo diciéndoles “está bien, mamá está aquí”.

Para las madres que han dado a luz niños que nunca verán y aquellas que recibieron a niños que no salieron de su vientre para darles un hogar.

Las madres que ahora buscan a sus hijos entre los escombros de las secuelas del terremoto en Nepal y no encuentran consuelo.

Las que cultivan la tierra desde el primer rayo de sol, o son capaces de cualquier cosa para que su hijo coma.

Para aquellas madres que quieren ser madres pero no pueden.

Para las que dedican tiempo de calidad a sus hijos y para las que no pueden porque siempre tienen demasiado trabajo.

Y, sobre todo, para las madres que, como tú, comienzan una lucha con su propio cuerpo. La ganaremos.
A todas ellas, y a ti, gracias por traernos a este mundo.

Feliz día de la madre.

Cómo siente un inmigrante en España

Inmigrante con bandera españolaMuchas veces me pregunto cómo se sentirán los inmigrantes de este país. Inmigrantes que vemos de limpiadores, detrás de las barras de la mayoría de las franquicias y que han venido a España huyendo de una inimaginable hambre y violencia. Creo que en realidad tampoco nos interesa demasiado entender la desesperación que les hizo llegar hasta aquí un día y el riesgo que para sus vidas supuso el viaje emprendido.

Me pregunto cómo se sentirán los inmigrantes cuando constantemente hablamos de que nos están quitando el trabajo o que deberían volver a su país.  Los acusamos de robarnos los empleos que deberían ser de los españoles, de aprovecharse de los beneficios sociales y de explotar el sistema de salud nacional.

Y con las elecciones cerca, los inmigrantes se convierten en debate de campañas electorales.

Está claro que muchos inmigrantes hacen el trabajo que la mayoría de españoles no haríamos y en condiciones que no aceptaríamos. ¿A quién culpamos? Al inmigrante, por supuesto y no al sin vergüenza de empresario y del que impone las políticas o hace como que no ve lo que está sucediendo.

Los inmigrantes llevan a cabo este tipo de trabajos simplemente porque vienen de una vida mucho peor, y si este país es lo suficientemente seguro para vivir o prosperar entonces cualquier cosa es válida para quedarse. ¿Te has parado alguna vez a pensarlo?

Nunca sabremos qué es vivir en extrema pobreza o tener hambre día tras día. Supongo que el hecho de no querer volver a esa vida me llevaría a hacer cualquier cosa, más aun teniendo hijos.

Los políticos son realmente buenos culpando a los más vulnerables de esta sociedad y a los que cuentan con menos recursos para defenderse, y uno de estos sectores son los inmigrantes.

El hombre que encontró un palacio en una caja

Un palacio bajo una cajaLa vida está llena de sorpresas, como la que encontró un hombre en la caja que le dio cobijo la fría noche de invierno en Madrid.

Era una de las noches más gélidas de la estación, y en la calle no había más que luces y el hombre acompañado de sus dos inseparables perros.

Entonces pensó que tenía que buscar un sitio en el que él y sus pequeños perros pudieran refugiarse del frío manto que caía sobre la desolada ciudad.

Qué triste es tener tanto frío, pensó. Puedo morir esta misma noche. Pero se dio cuenta que ese pensamiento solo enfatizaba más el sufrimiento, así que prefirió enfocar toda su energía mental en su cometido: la caja.

Al lado del Teatro Príncipe Gran Vía estaba la caja abandonaba que parecía esperar su llegada. El hombre sintió alegría y alivio al verla, acelerando el paso e imaginando por el camino de qué modo la ensamblaría para introducirse en ella.

A medida que se acercaba con los ojos clavados en la caja, comenzó a sentir un extraño vínculo hacia el objeto. Parecía que esa caja estaba hecha para él y sus perros. Cuanto más se aproximaba no le quedaban dudas, alguien había puesto la caja para él. 

La cogió y la arrastró hacia un portal. Con delicadeza, casi como si de una persona se tratara, la posó en el suelo y la analizó por sus diferentes caras. Entonces metió la parte superior de su cuerpo, la única que cabía en la caja, y se abrigó con el calor de sus perros. Una vez dentro, se dio cuenta que seguía teniendo frío y cerró fuerte los ojos recordando la frase que alguien le dijo una vez: “El frío es psicológico”. Pero esta vez era somático y muy real. Apretó tanto los ojos que casi se le caen hacia adentro y abrazó a sus perros como si nunca más fuera a amanecer con vida.

De pronto, ya no hacía frío y el mismo calor que sus perros desprendían contra su pecho lo sentía por todo el cuerpo. Y ya no olía a ciudad, ahora aromas a jazmín y rosas eran dueños de su olfato. Se apresuró a abrir los ojos y encontró lo que nunca hubiera imaginado encontrar en una caja: un palacio.

Un palacio solo para él.

Entonces entendió que la vida puede ser realmente dura pero al final todos tenemos un lugar increíble reservado y casi siempre está donde menos lo esperamos.

Nunca más despertó en la ciudad y nunca más pasó frío.